Ahora veo la pequeña embarcación del práctico
salir por la bocana.
Un hombre enjuto y de espesa barba blanquecina
se dispone a trepar la escalera de estribor;
no tiene más remedio, alguien debe
tomar los mandos de su porvenir.
A cuestas viejos contenedores metálicos
dispuestos sobre las bodegas,
siguiendo un criterio, y no otro,
moldeando su armazón.
Tiene una misión que cumplir:
llevarlo con precisión entre los norayes 52 y 58
a no más de 6 nudos
tratando de pasar entre balizas
y manteniendo las distancias,
de lo contrario,
podría perder todo cuanto carece.
Ahora tengo 30 años.
¿Quién podría creerme si le dijera
que un día soplé los 20?
Entonces el remolcador Furia tiraba de proa
Y el Xerea sujetaba en popa,
los amarradores esperaban mi llegada
pacientes sobre la riba
y sin apenas darme cuenta
había sobrevivido, sin más,
quizá dejando alguna defensa colgando,
quizá una escalera salvamento combada, sólo eso.
Ahora todo ha cambiado.
Nadie saldrá a su encuentro.
Los remolcadores siguen atracados y
los amarradores no saldrán de su base.
El hombrecillo sabe lo mucho que se juega,
no sólo unas bodegas algo más llenas
y un armazón todavía vulnerable.
Mientras tanto, me tomaré un tiempo más,
quiero saber cómo termina esto.
Jorge Gallent
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